SerEpicteto nació sin nombre y fue vendido como
propiedad antes de poder hablar. Su amo le
rompió la pierna deliberadamente. Cuando se
rompió dijo con calma: ¿no te dije que la
romperías? Su amo esperaba miedo. Encontró
indiferencia. No actuada. Real. Su cuerpo no
era suyo. Su nombre no era suyo. Su juicio
siempre fue suyo. Ese fue el Ser.
HacerEpicteto no escribió nada. Todo lo que tenemos
de él fue escrito por su alumno Arriano, que se
sentó en su aula y no quiso olvidar. Enseñó a
esclavos y senadores en la misma sala. El
senador no era más libre que el esclavo.
Desterrado de Roma por el Emperador Domiciano
en el 93 d.C. caminó hasta Nicopolis y abrió
una nueva escuela. Nada externo lo detuvo jamás.
TenerEpicteto no poseía nada. Es citado diariamente
dos mil años después. Marco Aurelio, Emperador
de Roma, llevaba sus palabras en una tienda en
el Danubio. Sus enseñanzas influyeron en Marco
Aurelio, en el monasticismo cristiano y en la
terapia cognitivo conductual moderna. Murió
alrededor del 135 d.C. con unos 85 años.
No se conoce su tumba. Sus palabras permanecen.